“Emprender no es solo tener una buena idea. Es saber encontrar la manera de ejecutarla.”
Hoy me dedico a la consultoría de innovación e inteligencia artificial. Pero esto no empezó ahí. Empezó mucho antes, con un primer proyecto que se rompió y una vuelta a empezar.


Con 18 años dejé los estudios para emprender. Monté con dos amigos una agencia de eventos que se transformó en agencia de marketing y, después, en un call center de más de 20 personas. Crecimos rápido, pero sin rumbo: yo lideraba sin saber liderar, y tomé decisiones equivocadas.
Todo terminó con una ruptura de socios que no vi venir. Cerré la empresa y pasé una temporada sin rumbo.
Al mes ya estaba dentro de una incubadora, aprendiendo lo que nadie me había enseñado: que emprender no es jugar a ser tu propio jefe, sino convertir una idea en empresa, paso a paso y sin atajos.
Retomé también los estudios que había dejado a los 18: el Grado en Marketing y, después, el Máster en Estrategia y Creatividad en Publicidad, con el mejor expediente académico. No fue un año perdido. Fue el año en que aprendí a emprender de verdad. Hoy acompaño a otros emprendedores con mentoring para emprendedores.
En 2019 fundé H2 Dron Energy. Los drones eléctricos profesionales apenas volaban 30 minutos por batería. Vi en el hidrógeno verde una alternativa limpia y escalable para resolverlo. El problema es que yo no era ingeniero, y montar una empresa de propulsión de hidrógeno sin serlo era motivo más que suficiente para no dar el paso.
Pero entendí algo: no necesitaba tener todas las respuestas, necesitaba hacer las preguntas correctas y rodearme de quien sí las tuviera. Aquí puedes leer el caso de H2 Dron Energy con más detalle.

Hacer la idea realidad me llevó a necesitar financiación y tecnología que yo solo no tenía. Ahí llegó la financiación de BFAero, que me hizo mudarme largas temporadas a Lugo, lejos de casa y de todo lo que me daba estabilidad. Entre mentores de Indra y Avincis que me hacían pensar que, sin ser técnico, sacar esto adelante sería complicado, y con el CIEMAT y la UC3M como socios tecnológicos, empezamos a construir una pila de hidrógeno específica para drones, partiendo de cero.
Ahí apareció con fuerza algo que no había sentido nunca: el síndrome del impostor. ¿Quién soy yo para liderar un proyecto tan técnico? Cada vez que me lo preguntaba, elegía seguir.
Construimos un MVP desde cero. Fallamos muchas veces hasta que un día el dron funcionó y voló. Llegaron el Certamen Nacional de Jóvenes Emprendedores, el Premio I+Dron de ENAIRE, el Premio Talgo a la Innovación Tecnológica, la selección en el Top 101 Startups de ENISA y una final entre más de 150 startups europeas en los MUBIL Mobility Awards.
En 2025 llegó el Premio Nacional de Innovación Talento Joven. No fue el final del camino. Fue la confirmación de que el mercado, el verdadero premiador de cualquier proyecto, iba dándonos la razón. Todos están recogidos en premios y reconocimientos.
“No vengo a hablarte de innovación. Vengo de construirla, con fracasos incluidos.”
Más de diez años convirtiendo datos y tecnología en resultados de negocio para empresas grandes, antes de fundar mi propia startup de innovación tecnológica.
No entrego informes de 80 páginas. Diagnóstico, prioridades y un plan que se ejecuta contigo, hasta que la innovación se convierte en resultado.
Patente propia, premios nacionales y un caso real, H2 Dron Energy, que demuestra que sé llevar una idea desde cero hasta un producto que funciona, incluyendo el primer proyecto que no funcionó.
Mi primer proyecto terminó con una ruptura de socios que me hizo cerrarlo todo. Fracasar duele, pero quedarse donde no creces duele más.
Nunca he sido técnico. Entré en mi primera reunión en el CIEMAT con un cuaderno y mil dudas. Innovar no es saber de todo, es saber unir mundos que no se habrían encontrado.
Me mudé largas temporadas a Lugo, lejos de todo lo que me daba estabilidad, con el síndrome del impostor como compañero de viaje. Elegí seguir de todas formas.
La excelencia en la gestión no va de ser perfecto, sino de ser honesto con lo que se construye, medir lo que importa y mejorar cada día.






30 minutos por videollamada. Me cuentas tu negocio o tu institución, te digo con sinceridad si puedo ayudarte y por dónde empezaría.